Clase 2: El cuento

Clase 2: El cuento  

El cuento es un concepto amplio que puede incluir tanto a un relato medianamente corto (2 páginas) hasta una obra más extensa (40 ó 50 páginas).

El cuento tiene un planteamiento distinto al microrrelato y a la novela. En este tipo de relatos ya hay un perfil psicológico de los personajes mínimo y una descripción de hechos más amplia.

Es el relato de uno o más sucesos, la importancia sigue estando en los hechos. Aquí se aplica la típica estructura de inicio, nudo y desenlace; contamos con un planteamiento inicial que sienta las bases, sitúa al lector. Luego comienzan a sucederse la cadena de causas y efectos, de giros y complicaciones de la trama hasta llegar a la resolución del conflicto.

La longitud dependerá de la complejidad del nudo, un cuento que se pierda en el inicio o en el final resultará desproporcionado, un ejercicio vano de erudición o estilo que no llega a ningún lado. Una buena proporción sería 25%-60%-15%, entendiendo que el inicio incluye la presentación de los personajes, de los conflictos desencadenantes y entronca con el principal interrogante a dilucidar.

La tensión debe mantenerse en todo el nudo hasta la sorpresa final. El desenlace es verdaderamente importante y lo que más hay que trabajar. Si bien puede parecer que hay resoluciones impactantes por lo cortas, los efectos que lo presagian pueden venir de antes. Hay finales más o menos predecibles dependiendo de cómo se han ido hilvanando el ritmo de los hechos y la causalidad. No puede ser ilógico con respecto a su propia coherencia interna.

El mago del cuento fue Edgar Allan Poe, y también fue quien se dedicó a sistematizar las características del mismo. Él abogaba (como la mayoría de los cuentistas) por mantener una atención constante, generar una estructura muy medida ordenada a la sorpresa final. Es un mecanismo perfecto en el que no hay elementos librados al azar, cada dato importa (para ambientar, para darnos una pista).

Es, quizás, el tipo de escrito que más nos recuerda a la tradición oral, porque no es tan complejo como la novela ni tan corto y escueto como el microrrelato.

¿Cómo formular la idea?

En principio, a la hora de pensar si una idea puede servir para un cuento debemos saber si necesitará un tratamiento demasiado extenso. Dado que aquí los personajes no llevan el mismo peso narrativo que en una novela, pero sí pueden tener profundidad psicológica, no haremos un cuento que no incluya un suceso, un conflicto que deba resolverse, así sea un conflicto interior.

Debemos preguntarnos si somos capaces de contar la historia sin irnos por las ramas. Para ello sirve hacer un esquema con la relación de hechos y, sobre todo, el final. También es importante saber qué tono darle. La primera persona es la de mayor subjetividad, el narrador omnisciente el más “objetivo”; hay que saber encontrar el punto de arranque, la frase que enganche al lector.

La libertad creativa es total. El cuento permite elaborar estructuras oníricas o realistas. Como no depende de un desarrollo extenso puede darse el lujo de jugar con el lector, con la percepción, con los recursos (que suelen pasar más desapercibidos, perderse de vista en la novela).

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