Clase 3: Ambientación

Clase 3: Ambientación, investigación, motivos  

Es muy importante la investigación previa a lo que vayamos a escribir. Ya sea que utilicemos datos arraigados en nuestra memoria o que recurramos a situaciones experimentadas, el trasfondo de nuestra obra debe estar fielmente documentado. Con esto no pretendemos que todos los relatos surjan de un espíritu analítico y crítico, sino que el autor sea capaz de detenerse unos segundos antes de redactar la idea para percibir los flecos o inexactitudes en los que podría incurrir.

Si vamos a situar el relato en la Segunda Guerra Mundial, aunque no contemos más que la historia de una cita truncada entre un oficial inglés y una muchacha rusa, es importante que repasemos la bibliografía del conflicto, sobre todo a la busca de los pequeños detalles. Todo esto servirá para desarrollar algo fundamental: la ambientación. Saber si nieva mucho en San Petersburgo en enero, cuál era la situación de las tropas, son datos que nos ayudarán a saber, primero que nada, cuántas posibilidades hay de que ese encuentro haya tenido lugar, y también servirá para generar una imagen mental en el lector. Podemos evitar contar qué ropa vestía ella, casi cualquier persona podría fácilmente imaginarlo por las películas; pero hay otros detalles sin los cuales el lector se quedará sin datos que le permitan seguir el relato desde la “visión cinematográfica”.

En la ambientación también influye el estilo literario del autor. Un estilo más recargado nos lleva a autores del siglo XIX y con ello a su visión del mundo, a lo que sus ojos veían cotidianamente. Un estilo de nuevo periodismo nos lleva a las décadas del ’50 y ’60, de Estados Unidos. La prosa de Gabriel García Márquez es la de un ambiente exótico, entre español y aborigen, como es América Latina. La escritura descarnada de los suecos nos recuerda el frío y la soledad.

También hemos de pensar en los motivos recurrentes de la literatura: el amor, el odio, la venganza, la esperanza; todos esos mensajes encuentran materialización en los personajes, y ellos a menudo son llevados por circunstancias afines. Pensemos en el clásico esquema de las películas “chico conoce chica, chico pierde chica, chico recupera chica”. Esto es el motivo recurrente de gran parte de la historia del cine. Ahora pensemos en la madrastra que odia a su hijastra. Los resentimientos pueden cambiar de un cuento a otro, pero más o menos siempre pasa lo mismo: una mujer se casa con un hombre que tiene una hija y, ya sea por ambicionar su fortuna o su belleza, pretende alejarla; sin embargo, el destino quiere salvaguardar a la joven, que logra el amor de un príncipe por sus virtudes, con lo que el mal pierde la partida.

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