Clase 6: La industria editorial
Clase 6: La industria editorial
Antes, las ideas no eran de nadie. Las leyendas pasaban de generación en generación sin que se supiera de qué mente había surgido por primera vez. Con el tiempo, los relatos empezaron a tener nombre y apellido y hoy en día nadie se cuestionaría la importancia que tienen los nombres de algunos autores en las portadas para que los libros sean éxitos de venta.
El autor es creador, aunque también es una marca y el libro es su producto. Ante la posibilidad de que su obra fuera manipulada o directamente copiada, el escritor tiene una obligación y un derecho que es el registro de su obra en la propiedad intelectual. Lo que hace el registro es llevar cuenta de las producciones tanto artísticas como científicas de un país y ayudar a un autor a identificar sus proyectos, protegiendo el contenido.
El autor siempre será titular de sus derechos, pero para que haya una constancia legal de su obra es que está el depósito en el registro. También es una medida que protege de las editoriales y agentes codiciosos que podrían utilizar sus ideas y pasárselas a sus autores con “tirón”, algo que va a ser siempre mejor que apostar por un autor novel.
Por otro lado, está el ISBN, que es como el DNI de una obra literaria y que identifica ese producto frente a otros; es un código internacional que se compone de números y las editoriales suelen contar con unos dígitos específicos en la serie. El escritor cauteloso hará el registro antes de enviar su manuscrito a las editoriales o a los agentes.
El agente es un intermediario entre las editoriales y el escritor, y a menudo se considera un cazatalentos. La realidad es que es muy difícil contactar con algunos y muchos son únicamente “lectores profesionales” que lucran por hacer un informe de lectura.
En las editoriales el encargado de buscar es el editor, pero últimamente se dedican a ir a ferias y comprar derechos de otros países o a publicar al ganador del premio literario que otorga la misma editorial.
Los premios literarios se han convertido en la panacea en los últimos años. No sólo se han multiplicado como hongos, sino que la mayoría están asociados a marcas editoriales. Esto es no por un fin loable de hallar nuevas voces, su fin es contar con publicidad antes de sacar el libro. No nos engañemos, por más que se usen pseudónimos cada uno tiene una escritura muy propia, su estilo, y eso los jurados lo pueden entrever, por lo que: imparcialidad, ninguna.
Carta, propuesta editorial e informe de lectura
Cuando queremos dirigirnos a un editor o a un agente debemos enviarle primero una carta de presentación y una propuesta editorial. Si están interesados, nos pedirán el manuscrito y le echarán un vistazo. Algunos agentes cobran por hacernos un informe de lectura, algo que no se debería hacer, pues los agentes sólo deben cobrar sobre el contrato y adelanto de su representado con la editorial. En todo caso, el informe de lectura es un texto en el que unos expertos analizan los puntos fuertes y débiles de nuestra obra y lo que hay que mejorar para ser publicable y en qué sellos.